Verónica Amunategui Corvalán
Las sociedades de hoy, van evolucionando y cambiando a pasos agigantados, debido al fácil acceso a las tecnologías, las comunicaciones; estas van desarrollándose más rápido de lo que nosotros mismos logramos percibir.
En forma silenciosa, pero casi imperiosa, provoca que la administración pública, debe ir avanzando en conjunto con sus ciudadanos, se deben ir adaptando las normas, las leyes, a estos nuevos tiempos, lograr hacerlas más eficientes, “no cambiar estas últimas, en el fondo, sino que la superficie”, ya que las normas y leyes, serán en esencia las mismas, por ningún motivo ocasionar que estas dejen de ser justas para sus ciudadanos, pero sin tantas tramitaciones, hacerlas más prácticas.
De algún modo, ir produciendo un “redescubrimiento” del Estado y de su Administración. El objetivo final, debe ir dotando de los medios legales adecuados para que sea capaz de doblegar por la vía del derecho y de la efectiva ejecución de sus decisiones, a los nuevos poderes que sin legitimación democrática alguna, al margen material de los valores constitucionales, amenazan con dominar la sociedad civil, apoyados en su prepotencia económica y apoyados también, paradójicamente, en los derechos y libertades que ellos mismo violan.
Los ciudadanos necesitan que se las organizaciones públicas, se actualicen para entregar una eficiente gestión pública, para obtener la información requerida, sin tener la necesidad de privatizarla, más bien actuar como una empresa privada en su administración y gestión, con agilidad, servicio eficaz, con calidad.
Los funcionarios públicos, deben ser capacitados sistemáticamente, en cursos de perfeccionamiento, el Estado debe entregar las herramientas necesarias, ya sea en infraestructura y equipos con nuevas tecnologías, para así lograr entregar un servicio eficaz, el ciudadano debe ser tratado bien, sin duda, debe recibir de la Administración directa o indirectamente, los servicios para los que la Administración existe, pero todo ello desde un estatus político de derecho público sujeto a las reglas del servicio.
La administración pública, no puede quedarse entre los archivos llenos de documentos amarillentados, por el paso del tiempo, en trasteros, bodegas o áticos colmados de papeles.
La tecnología, ha llegado para utilizarla, sacarle provecho, ayudar enormemente al orden, a la eficiencia, a la información inmediata, que finaliza en lo que todos queremos; reducir los tiempos de “trámites engorrosos”, entregar un servicio en un tiempo razonable, exacto, a la altura de nuestros días, mejorando notablemente la comunicación, entre Estado y ciudadano, como debe ser una de sus funciones principales: “El Estado al servicio de los ciudadanos”.
Aquellos que creemos que el ideal al que debe aspirar una sociedad moderna, es el de lograr progresivamente el grado más alto de libertad y dignidad para todos sus miembros, sabemos que ello no es posible, si no existe un poder público que naciendo de la misma sociedad, ordene su convivencia y asegure su subsistencia, en los buenos y en los malos tiempos.
Debilitar el poder público, debilitar la Administración que lo personifica, no fortalece la libertad de los ciudadanos ni enriquece la vida civil. Hoy sabemos que la sociedad civil sólo genera igualdad, libertad, respeto a las personas, si se somete a las reglas y a las decisiones de un poder creado por ella misma para la realización de esos valores.
Ese poder se califica de “público” no porque emane de un titular distinto del de la misma sociedad civil, “del pueblo español” como dice la su Constitución, sino porque tiene una naturaleza diferente a la de los derechos y las obligaciones que vinculan a los ciudadanos entre sí. No es un poder creado por una red de derechos subjetivos, sino un poder integrado por potestades que vinculan a los ciudadanos, porque procede de las leyes que los ciudadanos se han dado.
Como prioridad, los Estados independientemente, si estos son europeos, latinoamericanos, etc., deben estar actualizados, invertir en nueva tecnología, capacitar a sus funcionarios para manejar estas nuevas herramientas, y con esto contribuir notablemente a la administración y, al mismo, tiempo hacerla más flexible, sencilla, operativa, transparente, abierta, imaginativa, barata, etc., una lista de tópicos, lo que sin duda contribuiría enormemente a: “Mejorar la imagen y calidad de los servicios de las organizaciones públicas, para dejar definitivamente de llamarlas burocráticas y obsoletas”.
OPINIONES:
¿Qué opináis compañeros, creen que deben ser modernizadas las organizaciones públicas?
